En esta obra combino acrílicos con impresiones en relieve y yeso para explorar la fusión de lo figurativo, el impresionismo y lo semiabstracto. El caballo, emergiendo entre tonos ardientes y tormentosos, simboliza la pasión y la fuerza indomable del espíritu humano. Al contemplarlo, su dinamismo y colores vibrantes llenarán cualquier espacio de energía y audacia, invitando a reflexionar sobre nuestra propia fuerza interior y la belleza del cambio.